jueves, 3 de diciembre de 2009

Dulce Mai


Aprendiz de hembra y madre, observas al pequeno Tembo con ojos de temor y anhelo. Este retoza entre las hojas, troncha ramas y disfruta de su infacia salvaje. Superas tu brutal estupor y, presa de los mas ancestrales instintos, intentas abrazarle. Este se zafa de ti con desden infantil. Lo miras con un candor primitivo, mientras haces un minusculo nido con hojas y lo miras y lo deseas. Cuando todo parece desembocar en ninguna parte, Tembo, como por arte de magia, acude a ti y se hunde docilmente en tu regazo. Lo rodeas con tus brazos y lo arrumas con una tosca e insondable ternura.


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