jueves, 17 de diciembre de 2009

Aislamiento

Parece que el tiempo no pasa en Bai hokou, como si se hubiese quedado anclado en un bucle sobre el que se vuelve una y otra vez. Los dias pasan uno tras otro y la actividad parece ser siempre la misma. Buscar gorilas, encontrarlos, seguirlos... Por la noche cena, algo de conversacion, una lectura postrera y a dormir. Puede llover, puede lucir el sol, pero nada cambia en la vida del campamento. Y sin embargo, cada dia parece distinto del anterior.

Pero hay otra vida ahi afuera, mas alla de estas inmensas cortinas verdes, una vida que pertenecio a mi otro dia y que parece ahora lejana en el tiempo. Los efectos del aislamiento se acumulan como un sedimento sobre una plataforma abisal. Me sorprendo pensando recurrentemente en lo que haria de estar en casa : nadar, comer, ver un buen partido de futbol, emborracharme por las calles de Madrid… Por no mencionar a la familia ni a los amigos. Tengo un suenyo recurrente, en el que me encuentro al abrigo del tipico bar de barrio, zampandome un par de donuts y tomandome un cafe con leche, por la manaya, antes de ir a que mas da donde. Cosas simples.

No ayuda a mitigar esta sensacion el hecho de que no me lleguen e-mails a la direccion del campamento. No hay periodicos, mi radio no funciona. En Bayanga llevan sin Internet bastante tiempo, tras una fuerte tormenta. Cada vez que he bajado al pueblo me he llevado una decepcion. Al menos he podido gozar de las hermosas estampas del Dzanga desde la terraza del Doli Lodge.



Todo esto ha generado forzosamente una sensacion de aislamiento que va cargando la atmosfera, y la vuelve cada vez mas pesada. Me sorprendo a menudo mirando al techo de mi habitacion, ensimismado, como Makumba, dejando pasar el tiempo sin pensar en nada, sin hacer absolutamente nada. Estupefacto. El otro dia me dio por ver una peli en el ordenador del campamento y me meti tanto en ella, en los edificios, en las cosas... que casi me llevo un susto al salir a la letrina y toparme con este exhuberante escenario en el que me encuentro, con su exotica sinfonia de grillos, buhos, ranas... y los lefantes en la lejania.

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